Si en algún momento sientes que perdiste la ruta, la regla más importante — y la más difícil de seguir — es detenerse. Seguir caminando 'a ver si aparece el sendero' casi siempre empeora las cosas.
Detente, respira, y evalúa: ¿hace cuánto viste la última señal clara del sendero? Si puedes volver sobre tus propios pasos con seguridad, hazlo. Si no estás seguro, quédate donde estás — es mucho más fácil para un equipo de rescate encontrar a alguien que se quedó quieto que a alguien que siguió moviéndose sin rumbo.
Por eso insistimos tanto en dejar tu plan de ruta antes de salir (lee nuestro artículo sobre esto): si alguien sabe dónde ibas y a qué hora esperabas volver, la búsqueda parte con información en vez de partir de cero.
Si vas en un grupo con guía, este es exactamente el tipo de decisión para la que estamos entrenados — confía en la indicación del guía por sobre el instinto de 'seguir para adelante'.